Alimentación y ganadería: ¿progreso o tradición?

Hace unos meses leíamos un artículo sobre los transgénicos y la tecnología aplicada a los alimentos. El autor, José Miguel Mulet, afirmaba que “el maíz que comen los cerdos es de más calidad que el de los bebés“, que la agricultura ecológica no es más sana que la convencional o que la carne, en el futuro, será sintética. Según él, queremos la tecnología en todos los ámbitos pero no en la alimentación, que queremos que sea anticuada. Bueno, quizás es que llevamos comiendo así siglos y los seres humanos hemos sobrevivido, a pesar de no contar con esa tecnología que tenemos ahora.

Sí, la comida ha cambiado. Seguramente no comemos lo mismo que hace 100 años ya que el incremento de población mundial hace que tengamos que alimentar cada vez a más gente. La forma de hacerlo es innovando y aumentando la producción mediante técnicas artificiales: transgénicos, especies modificadas para que resistan enfermedades y produzcan más cantidad, más herbicidas, pesticidas y demás químicos para controlar enfermedades y plagas… Y aún así, no es suficiente, seguimos alimentando mal al mundo y (paradoja) cada vez agotamos más nuestros recursos y contaminamos más.

Nosotros no estamos en contra ni de transgénicos ni de las prácticas de producción intensivas que se utilizan para producir más y más barato. Está claro que la población mundial crece y hay que alimentar adecuadamente a todos. Pero eso no da lugar a desprestigiar lo ecológico o lo tradicional, porque es mentira que sea de menos calidad, con menos variedad o menos seguro. Las variedades cambian, no hay más ni menos. Y si hay menos variedades en ecológico es porque están siendo sustituidas por especies más productivas modificadas artificialmente.

La calidad es un término muy subjetivo, dependiendo de qué entendamos por calidad podremos decir que un producto tiene más calidad que otro; por ejemplo, podemos entender la calidad como la excelencia en la ejecución del proceso productivo, el mayor número de nutrientes que tiene el alimento, mejores propiedades, mejor imagen o, sencillamente, mejor sabor. Al crear los transgénicos cuidan sus nutrientes, su imagen y su protección frente a plagas pero se olvidaron definitivamente del sabor, que es en lo que perdemos realmente. Por tanto, los productos ecológicos no tienen más o menos calidad que los transgénicos: depende de por dónde se mire.

Respecto a la seguridad de los alimentos, como ganaderos tenemos que decir que en todos los sitios hay quiénes lo hacen bien y quiénes lo hacen mal. Vincular los escándalos únicamente a los productos ecológicos es demagogia. También hay escándalos en otros tipos de producciones pero, controladas por grandes lobbies, pasan desapercibidas. Dice Mulet que al no usar los pesticidas, la producción ecológica es más insegura. Pero precisamente atrae a las plagas porque la convencional si los utiliza y cada vez en más cantidad ya que las plagas se van haciendo más resistentes. Las plagas tienden a irse a dónde no hay, es decir, a lo ecológico. La producción intensiva o convencional crea el problema, lo traspasa a los demás y después culpa al resto.

Por último, afirma que la carne en el futuro será sintética ya que (pone de ejemplo a las vacas) la ganadería tradicional, la extensiva, contamina más por el gas metano que produce y que en intensiva se puede controlar mediante filtros. Nosotros, ante esto, nos preguntamos: ¿no contaminan los filtros (fabricación, materiales, energía que consumen…)? ¿Acaso producir carne sintética no contaminaría? Suponemos que habrá que consumir energía, productos químicos, realizar instalaciones, transporte, envasado,… ¿Cuánto contamina eso?

Hablamos mucho de lo que contamina el gas metano (los pedos, vaya…) de los animales pero nunca de lo que aportan al medio ambiente. ¿Qué aporta la carne sintética al medio ambiente? Nada. Los animales, sin embargo, ayudan a mantener los ecosistemas; eso sí está demostrado. Son básicos para la sostenibilidad y el equilibrio del entorno. ¿Los hacemos desaparecer y dejamos los bosques y praderas (ya bastante descuidados, por cierto) sin animales ni actividad que los mantengan? ¿Construimos en su lugar industrias de carne sintética? Por favor, progreso sí, pero con cabeza.

Nosotros creemos en mantener y preservar el valor de lo auténtico. Apostamos por lo natural, por nuestra raza autóctona frente a las artificiales, por la alimentación a nuestro ganado en el campo y hacer que nuestro entorno sea sostenible. Por supuesto, todo esto manteniendo y/o aumentando la calidad, la seguridad alimentaria, el medio ambiente y las variedades. Alguien tiene que mantener un patrimonio que, si fuera por algunos, desaparecería para siempre. De eso nos encargamos los ganaderos y agricultores.

El futuro de la comida y el sector primario para 2030